Otra vez toda la familia, la definitiva, esta vez sin amigos y sin alcohol, vestidos como si la calefacción todavía no se hubiera inventado. Menos yo, que atravesé con pantalones cortos más inviernos de los que me quiero acordar. ¡Y corbata! Atención a la corbata, porque esta debió ser una de las dos o tres veces que me la habré puesto.